Por Adriàn Mariscal
“Hay semanas en las que estoy bien, otras veces me va mal, cuando ganas mucho dinero puedes tener un pensamiento fugaz de que con eso tienes para no regresar, pero el dinero como viene se va…las semanas buenas si te va bien en una noche puedes ganar mil pesos, mil quinientos, en una semana siete mil pesos, pero si te va mal puedes no ganar nada, quedarte en ceros, llegas a una hora determinada y te vas como llegaste…”- TestimonioSe abre el telón:
Once de la noche con 15 minutos. Zona centro de Guadalajara. Las calles se convierten en testigos de una noche que se tiñe de contrastes; mientras en el centro histórico se consolida un ambiente inspirador y sosegado que incita a pobladores y turistas a admirar la cara mejor reconocida de la ciudad cosmopolita, en las orillas de la zona las esquinas se desdoblan para dejar ver el lado oscuro que la mayoría relega, ese secreto a voces mejor guardado que ampara en sus paredes las intimidades más furtivas de quienes lo frecuentan, personas que sin importar anatomía, género o extracto social acuden en búsqueda de objetos que satisfagan sus instintos carnales, pero los objetos no son algo más que individuos despojados de su papel de sujetos, subordinados al deseo de los clientes por el interés de una remuneración que les compense, poco importa la moral o los derechos, desfilan rivalizando entre sí como mercancía banal de un catálogo de productos.
Pero ese mercado no es exclusivo de mujeres como podría pensarse, ya diría un dicho popular que en gustos se rompen géneros, ahí también hay transgèneros que imitando a las primeras en apariencia les compiten en precio; así como hombres, los grandes ausentes a la hora de estereotipar en femenino al oficio más viejo del mundo, quienes sin más ni menos importancia forman parte de este mundo clandestino de oferta y demanda…nos referimos entonces a los “putos” invisibles, pleonasmo redituable que sitúa a un actor oculto dentro de un teatro oculto, de quienes poco se sabe y sin embargo se mueven, y para evidenciarlos es necesario cederles el guión de protagonistas y tratar la historia con un giro distinto: contada al revés.
Once de la noche con 15 minutos. Zona centro de Guadalajara. Las calles se convierten en testigos de una noche que se tiñe de contrastes; mientras en el centro histórico se consolida un ambiente inspirador y sosegado que incita a pobladores y turistas a admirar la cara mejor reconocida de la ciudad cosmopolita, en las orillas de la zona las esquinas se desdoblan para dejar ver el lado oscuro que la mayoría relega, ese secreto a voces mejor guardado que ampara en sus paredes las intimidades más furtivas de quienes lo frecuentan, personas que sin importar anatomía, género o extracto social acuden en búsqueda de objetos que satisfagan sus instintos carnales, pero los objetos no son algo más que individuos despojados de su papel de sujetos, subordinados al deseo de los clientes por el interés de una remuneración que les compense, poco importa la moral o los derechos, desfilan rivalizando entre sí como mercancía banal de un catálogo de productos.
Pero ese mercado no es exclusivo de mujeres como podría pensarse, ya diría un dicho popular que en gustos se rompen géneros, ahí también hay transgèneros que imitando a las primeras en apariencia les compiten en precio; así como hombres, los grandes ausentes a la hora de estereotipar en femenino al oficio más viejo del mundo, quienes sin más ni menos importancia forman parte de este mundo clandestino de oferta y demanda…nos referimos entonces a los “putos” invisibles, pleonasmo redituable que sitúa a un actor oculto dentro de un teatro oculto, de quienes poco se sabe y sin embargo se mueven, y para evidenciarlos es necesario cederles el guión de protagonistas y tratar la historia con un giro distinto: contada al revés.
Primer Acto: Des-feminizando el concepto
Roberto es un hombre de 26 años oriundo de Guadalajara. Sin completar los estudios medios e hijo único de madre soltera, comenzó en el negocio de la prostituciòn desde 4 años atrás, primero esporádicamente motivado por un impulso de esquivar las limitantes económicas a las que se enfrenta un joven desempleado obligado a vivir de manera independiente por circunstancias familiares, después de forma definitiva los 7 días de la semana y con una jornada laboral de 5 a 8 horas dependiendo las ganancias del día. Antes de llegarse la hora en la que deja de ser Roberto para convertirse en Max, es como cualquier otro joven de su edad que bien puede salir al cine o un bar como también atender los quehaceres de su hogar y recibir visitas de sus amigos entrañables. De mirada intimidante, cuerpo ejercitado y facciones masculinas, aguarda en una esquina de la Avenida Federalismo cualquier señal que denote la llegada de un cliente, con los bolsillos vacíos e impaciente por la espera, atestigua cómo el tiempo transcurre sin conseguir una pista que le asegure que el día será uno de los buenos, recuerda su pasado en una secuencia de imágenes instantáneas que así como vienen se van cuando entre ellas recuerda el porqué de sus comienzos en el negocio.
Roberto es un hombre de 26 años oriundo de Guadalajara. Sin completar los estudios medios e hijo único de madre soltera, comenzó en el negocio de la prostituciòn desde 4 años atrás, primero esporádicamente motivado por un impulso de esquivar las limitantes económicas a las que se enfrenta un joven desempleado obligado a vivir de manera independiente por circunstancias familiares, después de forma definitiva los 7 días de la semana y con una jornada laboral de 5 a 8 horas dependiendo las ganancias del día. Antes de llegarse la hora en la que deja de ser Roberto para convertirse en Max, es como cualquier otro joven de su edad que bien puede salir al cine o un bar como también atender los quehaceres de su hogar y recibir visitas de sus amigos entrañables. De mirada intimidante, cuerpo ejercitado y facciones masculinas, aguarda en una esquina de la Avenida Federalismo cualquier señal que denote la llegada de un cliente, con los bolsillos vacíos e impaciente por la espera, atestigua cómo el tiempo transcurre sin conseguir una pista que le asegure que el día será uno de los buenos, recuerda su pasado en una secuencia de imágenes instantáneas que así como vienen se van cuando entre ellas recuerda el porqué de sus comienzos en el negocio.
Cuando la desesperación es tal que no le queda otra opción que la paciencia pide a Dios porque le dé fortaleza para aguantar un día más; en esa situación, es capaz de desconocer el pudor para desabotonarse la camisa e introducir su mano por el interior del pantalón, reconoce que la técnica aunque insegura, llega a funcionar para incitar la atención…después de fallidos intentos, la esperanza a él regresa cuando observa detenidamente a un auto que a baja velocidad se estaciona con las luces encendidas breves metros delante de su estancia (…) “sí, entiendo, pero qué es lo que yo voy a ganar con èso?- responde al interlocutor que se dirige a él con una propuesta novedosa” (…) después de negociar la tarifa, el trato está hecho, Roberto está listo para contar su historia.
Antes de hablar sobre la prostituciòn masculina, es necesario hacer un análisis de las causas de su invisibilidad, pues a lo largo del tiempo, se ha visto a la mujer como el género indefenso a estas prácticas, mientras que el hombre es apartado del tópico con justificaciones validadas en cuanto a la vulnerabilidad. En el transcurso del reportaje veremos que el hombre prostituto no es manejado por fuerzas externas a él (llámense traficantes, proxenetas, o padrotes como coloquialmente se les conoce) contrario al caso de las mujeres, sino que más bien su persistencia en el negocio es dada por voluntad propia. Sin embargo, marcar una diferenciación nos lleva a dos puntos que nos ayudarán a entender el porqué del prostituto estigmatizado.
1- La prostituciòn es un fenómeno social en el que puede reflejarse el sistema patriarcal en el que habitamos, donde la diferenciación entre hombres y mujeres es además etiquetada como una lucha del sexo débil contra el fuerte en la cual este último lleva todas las de ganar, pues no sólo legitima su supremacía con la exclusión o subordinación de la mujer en la participación de todos los ámbitos de la vida diaria (laboral, político, económico, académico, religioso) sino que la reafirma y justifica con la cultura histórica que a lo largo del tiempo ha proveído a la mujer de un rol de servicio hacia el género masculino en cuyas manos se deposita su existencia. No extrañe entonces que lejos de asumirse como sujeto, la mujer se visualice como un objeto al que los hombres tienen acceso por el simple hecho de desearlo, y es por ello que actúan con alevosía a sabiendas de que el sistema patriarcado no aporta credibilidad a las mujeres prostituidas.
Antes de hablar sobre la prostituciòn masculina, es necesario hacer un análisis de las causas de su invisibilidad, pues a lo largo del tiempo, se ha visto a la mujer como el género indefenso a estas prácticas, mientras que el hombre es apartado del tópico con justificaciones validadas en cuanto a la vulnerabilidad. En el transcurso del reportaje veremos que el hombre prostituto no es manejado por fuerzas externas a él (llámense traficantes, proxenetas, o padrotes como coloquialmente se les conoce) contrario al caso de las mujeres, sino que más bien su persistencia en el negocio es dada por voluntad propia. Sin embargo, marcar una diferenciación nos lleva a dos puntos que nos ayudarán a entender el porqué del prostituto estigmatizado.
1- La prostituciòn es un fenómeno social en el que puede reflejarse el sistema patriarcal en el que habitamos, donde la diferenciación entre hombres y mujeres es además etiquetada como una lucha del sexo débil contra el fuerte en la cual este último lleva todas las de ganar, pues no sólo legitima su supremacía con la exclusión o subordinación de la mujer en la participación de todos los ámbitos de la vida diaria (laboral, político, económico, académico, religioso) sino que la reafirma y justifica con la cultura histórica que a lo largo del tiempo ha proveído a la mujer de un rol de servicio hacia el género masculino en cuyas manos se deposita su existencia. No extrañe entonces que lejos de asumirse como sujeto, la mujer se visualice como un objeto al que los hombres tienen acceso por el simple hecho de desearlo, y es por ello que actúan con alevosía a sabiendas de que el sistema patriarcado no aporta credibilidad a las mujeres prostituidas.
“Expertos en la materia y activistas en pro, están convencidos que la demanda masculina de prostitución es la causa principal de la expansión de la industria del sexo; sin demanda, no hay rentabilidad, y por tanto no hay negocio”. Subrayo aquí la distinción en el trato de hombres y mujeres prostitutos: la mujer, por pertenecer al género débil y socialmente subordinado a las funciones del otro, es materia prima que se facilita para su explotación, injusticia coadyuvada por la impunidad legislativa y corruptiva con la que actúan las autoridades por consenso con los delincuentes o por desconocimiento y asimilación de los acontecimientos. Y aunque también podría darse el caso de mujeres prostitutas por motivación personal, en cuanto a los hombres no se documentan casos de redes delictivas que exploten a los hombres, esencialmente por tratarse del género social y culturalmente dominante.
2- Cuando hablamos de prostituciòn no podemos limitarnos a hablar desde la perspectiva del prostituto (a), pues sería cubrir con una venda la influencia del cliente. La mayoría de los estudios sobre el tema silencian el papel del cliente y nos imposibilita los caminos a estudiar el fenómeno con todas sus vertientes. Este hecho, lejos de aportar un granito de arena en el conocimiento de la prostituciòn, sólo certifica a la mujer como el objeto inhumano de consumo que no dejarán de ser y protege a los usuarios que son los generadores del comercio carnal (sin demanda no hay oferta) aunque su participación sea considerada secundaria.
2- Cuando hablamos de prostituciòn no podemos limitarnos a hablar desde la perspectiva del prostituto (a), pues sería cubrir con una venda la influencia del cliente. La mayoría de los estudios sobre el tema silencian el papel del cliente y nos imposibilita los caminos a estudiar el fenómeno con todas sus vertientes. Este hecho, lejos de aportar un granito de arena en el conocimiento de la prostituciòn, sólo certifica a la mujer como el objeto inhumano de consumo que no dejarán de ser y protege a los usuarios que son los generadores del comercio carnal (sin demanda no hay oferta) aunque su participación sea considerada secundaria.
Pero los clientes, homosexuales o heterosexuales, no sólo son visibles, sino que tienen también un papel importante de manera que sin ellos la prostituciòn no existiría, son los que deciden la inscripción de productos nuevos y de la cada vez más reducida edad de la “mercadería” que consumen. Así es como lo diría mejor Volnovich “al poner el foco en las mafias, al penalizar a los proxenetas y a las prostitutas, se elude a los clientes y, de esta manera, la sociedad en su conjunto se encarga de aliviar la responsabilidad que cae sobre aquellos que inician, sostienen y refuerzan esta práctica”. Si trasladamos lo anterior al panorama del prostituto, podemos darnos cuenta claramente de que los hombres al igual que con las prostitutas son los principales consumidores, mientras que las mujeres vistas como clientas, apenas llegan a un porcentaje minoritario.
1 O’Connor, Monica y Grainne Healy- Los vínculos de unión entre la prostituciòn y la trata de seres humanos con fines de explotación sexual.
2 Volnovich, Juan Carlos- Hombre que va de putas
He aquí los dos puntos en cuestión que favorecen la feminización del concepto de prostituciòn: 1- la explotación de la mujer prostituta y subordinación al poder del hombre frente a la libertad del hombre prostituto y la ausencia de un ente que los controle y 2- el predominio del hombre como cliente en ambos casos frente a la participación minoritaria de la mujer al respecto. No obstante, en este análisis diferenciado de la prostituciòn masculina y femenina, además de sustentar las razones por las que pareciera que el hombre prostituto no existe, también podemos dar pie a visibilizarlo en esta atmósfera de comercio sexual una vez que entendemos que la prostituciòn no sólo tiene género femenino.
1 O’Connor, Monica y Grainne Healy- Los vínculos de unión entre la prostituciòn y la trata de seres humanos con fines de explotación sexual.
2 Volnovich, Juan Carlos- Hombre que va de putas
He aquí los dos puntos en cuestión que favorecen la feminización del concepto de prostituciòn: 1- la explotación de la mujer prostituta y subordinación al poder del hombre frente a la libertad del hombre prostituto y la ausencia de un ente que los controle y 2- el predominio del hombre como cliente en ambos casos frente a la participación minoritaria de la mujer al respecto. No obstante, en este análisis diferenciado de la prostituciòn masculina y femenina, además de sustentar las razones por las que pareciera que el hombre prostituto no existe, también podemos dar pie a visibilizarlo en esta atmósfera de comercio sexual una vez que entendemos que la prostituciòn no sólo tiene género femenino.





